Entre las nuevas formulaciones sobresalen el guiso de mollejas, hongos y habitas con esencia de cardamomo y albahaca frita, en el que los perfumes ponen viveza a sólidos valores. Aún mejor realizado y con el mérito añadido de una encomiable concreción, tenemos el troncho de foie gras a la plancha sobre salsa de sirope de arce con arroz inflado y picadillo de jamón.
La ventresca de atún gigante con caldo de chipirón intensificado levemente con consomé y espesado con tapioca, más crujiente de ésta es una formulación noble, por el pescado, técnica, por la hechura, sonrosadas las carnes y saciadora, por la refinada carga sápida del fondo marino. Y el helado de kéfir con emulsión de naranja y aceite de oliva en la que nadan pequeñas fresas y grosellas es una propuesta que conlleva delicadeza, ligereza, frescor, naturalidad, colorido...maravillosa manera de poner luz y color a un ágape.
La casa siempre ha sido posibilista y abierta a todo tipo de gustos. Ahí estan para los amantes de la sencillez y el convencionalismo los pimientos verdes del país fritos, las anchoas con pimientos del cristal, el salteado de verduras sobre crema de guisantes y crujiente de jamón, el lomo de merluza en salsa verde con almejas y el magnífico surtido de bacalaos, la estrella de los clásicos, con un pil pil, una vizcaína y un Club Ranero de campeonato, llamados hacer mucho tilín.